Del médico y el diseñador visual
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La figura del médico (entre otras profesiones), según he notado, tiene una gran presencia social en México, a priori se considera una figura de respeto y con autoridad (en “curarte” claro). En contraste, el diseñador visual se ve como una figura “difusa”, sin quedar claro el por qué de su autoridad profesional. Sabemos que en la comunidad diseñística existe la constante incomodidad del pago: la mayoría de los diseñadores visuales no reciben un pago ad hoc a lo que saben y/o hacen. Por otro lado, la realidad es que hay toda clase de médicos y toda clase de diseñadores, los hay “buenos”, “malos”, “ventajistas”, “altruistas” y “ocupados al final en otra cosa”. Aunque no es equiparable comparar un médico con un diseñador, resulta “chistoso” el cómo se dan algunas etapas de trabajo similares:
El brief.
Tanto el médico como el diseñador necesitan un brief de donde partir. El médico te va preguntando y preguntando y de toda una nube de conocimiento, va acotando las posibilidades hasta tener algo concreto para elaborar un diagnóstico. El diseñador, en cambio, tiene más problemas para “sacarle la sopa” a su cliente y es más, si fue mucha o poca, tiene que inferir y extrapolar (ideas y conceptos a través de su creatividad) hasta elaborar un diagnóstico.
La consulta.
Me ha pasado que con el médico, una vez que le has contado casi tu vida para que sepa que tienes, tiene toda la autoridad del mundo para decirte que estás mal. Creo que nunca me topado con un médico que te diga “vamos, que es cosa de nada”. Últimamente me ha tocado escuchar hasta de qué me voy a morir… jum.
El diseñador, visual en este caso porque desconozco cómo sería para industrial, arquitectura y demás, una vez escuchado al cliente, éste sigue teniendo la última palabra porque es “más experto que el experto”. No importa que hayas tomado una carrera universitaria, que leas mucho en tus tiempos libres o que estés constantemente practicando y actualizándote… las ideas del cliente muchas veces son tan “claras” que simplemente el diseñador no puede imponer su autoridad profesional. Claro que esto aplica en los casos dónde el cliente expresa “cuál es su malestar diseñístico” pero te “impone” algo que sabes que no va a resolverlo aunque él crea que sí.
Es verdad que todos la “regamos”; es parte de nuestra experiencia auto-formativa como profesionistas, sin embargo, parece que resulta más complicado que un diseñador la “riegue” por si solo a diferencia de un médico; el paciente no interviene, una vez “soltado el brief”, en la decisión sobre qué se va hacer con el problema.
La medicina.
Me encanta cuando los médicos comienzan entonces a decirte el nombre de las medicinas a partir de su composición química, pero no te dicen el por qué de su elección o si existe alguna alternativa; tu como paciente, pones cara de “ajá” o reafirmas que has entendido cuál medicina es para qué. Si se trata de diseño visual, el cliente no pone cara de “ajá” sino es bien probable que ponga cara de ”mira es así”.
Cuando nos medican, asumimos que lo que tomamos será la solución óptima para curarnos, pero cuando se diseña el producto visual, éste ya fue “regateado”, “modificado” o “adulterado” probablemente por cliente, y ni siquiera por los usuarios finales del producto mismo.
La especialización.
Un médico si se especializa, gana más. El diseñador, cuando se especializa es porque siente, cree o piensa que está perdiendo “el plus” que dará valía a su cobro por hora o por proyecto. El retorno de la inversión para la especialización de un diseñador, ya sea un posgrado, cursos, comprar equipo o software nuevo, no resulta tan evidente como sucede con la mayoría de los médicos especialistas.
La segunda opinión.
Al tener una enfermedad, se puede buscar más una opinión para asegurarnos de que no esté mal el diagnóstico y mucho menos la receta asociada. Curiosamente, esta decisión parece estar relacionada con el presupuesto que se tiene para pedir segundas opiniones; aunque si se tiene, no se duda en invertirlo.
En cambio, para el diseño visual, las segundas opiniones, en el grueso de los clientes, muy probablemente tengan que ver con el precio/costo del proyecto, aún teniendo el presupuesto para hacer algo en forma. Esto deriva muchas veces en aceptar “medicinas genéricas” o “placebos” (visuales), que cuasi-satisfacen en el momento el problema, pero que no dejan nada en el cliente al final.
Quizá en la mayoría de las veces el diseño visual no implique salvar vidas como sucede con los médicos. El comparar estas fases para mi tiene que ver con lo curioso que resulta el por qué y cómo aceptamos ciertas autoridades sociales.
Un problema del diseño visual es que no existe una cultura del diseño en general, ni en los diseñadores mismos…Duro pero es verdad. El médico salva vidas, pero qué hace realmente el diseñador (visual, industrial, arquitectónico, de interiores, y demás) es algo que no está “bien escrito” en el imaginario colectivo. Quizá eso influya (obviamente tan sólo en una parte) en el pago de los servicios.
Sería interesante preguntar a nuestros padres: ¿Qué te hubiera gustado que sea? ¿diseñador o médico? Claro que se puede sustituir médico por abogado, administrador o político. Pero ese… es otro post.
Saludos.







