Los niños/alumnos no están acostumbrados a reflexionar

Un colega me comentó que había leído un tweet proveniente de "A favor de lo mejor" que decía

"Los niños/alumnos no están acostumbrados a reflexionar. Es necesario que la gente se cuestione." (Profesora Ma. Elena Carniado, 2011).

En realidad, me había comentado el primer punto de este tweet y considerando el contexto de los niños/alumnos de la "actualidad", mi  reacción ante tal comentario fue responder:

"no es cierto, nunca hemos estado acostumbrados a reflexionar, lo que sucede es que la generación actual está acostumbrado a la comodidad inducida por el desarrollo tecnológico".

Supongamos que tomamos a un estudiante a partir de educación secundaria, que sepa "manejar" el correo electrónico. Si el "chamaco" tiene que enviar un correo electrónico y se equivoca, es fácil "crear un correo nuevo" y ahí mandar una fe de erratas o adjuntar el archivo que había faltado. La tecnología nos permite tener un margen de error grande sin que las consecuencias sean tan drásticas, sobretodo en tiempo y en dinero. Si dicho correo tenía que llegar a Bangladesh, en menos de un minuto el estudiante puede enviar ese segundo correo. Si el estudiante además goza de acceder a WiFi en un lugar público o su escuela (gratis), ¿cuál es la percepción del esfuerzo realizado más allá de un par de clics? Una carta tradicional hasta ese lugar donde hubiera olvidado algo vital por decir o adjuntar, implicaría pasar por todo el proceso y cubrir los costos, los cuales son ciertamente mayores al caso del correo electrónico.

El diseño de servicios y productos en donde se trata que el usuario cumpla sus objetivos, metas o tareas (como quieran llamarlos) implica en cierto sentido ser condescendiente con el usuario; lo cual no es raro, de hecho sabemos que el manejo adecuado de los errores es uno de los pilares de la usabilidad en un sistema. Mientras que la tecnología avanza en el sentido de asistirnos o apoyarnos, la inmediatez o la respuesta casi instantánea, se vuelve un factor crucial para saber que se está cumpliendo con dicho objetivo, meta o tarea.

Al parecer con el avance tecnológico, el tamaño de los procesos disminuye. Con otro ejemplo más común como "suministrar una habitación con luz" podemos notar que "ayer" levantábamos la pantalla de cristal, verificábamos la mecha y el nivel de combustible, encendíamos el cerillo y después la mecha para luego tapar la flama con la pantalla de cristal; hoy llegamos a la habitación, localizamos el interruptor y con "un solo dedo" encendemos la luz; ¿mañana bastará con entrar a una habitación que reconozca nuestro perfil y que sepa inteligente la luz adecuada según mi agenda semanal, estado de estrés y capacidad de pago por consumo de energía? En paralelo, otro ejemplo: ¿para qué tener que pasar por toda la experiencia que implica ir a una biblioteca si desde una computadora puedo acceder a Google para encontrar la información que necesito? No es una falta en la capacidad de reflexión: la "necesidad por una inmediatez" y el mínimo esfuerzo reforzado por la tecnología hacen que parezca innecesario este esfuerzo mental. Aunque creo que siempre ha sido así: hay muchas cosas sobre las que no reflexionamos, sobretodo aquellas que damos por sentado.

P.D. Claro, este post tiene un enfoque relacionado al diseño de servicios y productos tecnológicos. Hay otros factores como los medios e incluso, la misma manera de educar/formar (a una sociedad inmersa en la inmediatez y presión por la adopción tecnológica). Claro, esos "ya son otros rollos".